Lo que pasa en casa se queda en casa es la máxima que adaptada al mundo virtual quedaría como: lo que pasa en Internet se queda en Internet. El aforismo tiene la intención de abreviar la conducta en el inmenso conjunto de normas y símbolos nuevos con el que la entera comunidad internauta se transmite información y se comunica. Estos “códigos” que poco o casi nada tienen que ver con el actualmente vago sentido del honor, responden al declarado propósito de acelerar los empeños dirigidos a concretar el contacto potencial entre los miembros del ajetreado mundo virtual, red sin fin por la que deambulan comunidades de conteo y clasificación prácticamente imposibles.
El comportamiento de estas casi-reales o casi-falsas congregaciones humanas, tiende gradualmente a lo inexacto y a una indeterminación deudora de otro criterio todavía más aceptado: la información es la información y se subordina poco al sujeto que la proporciona como al mundo exterior. Todo indica que en internet los patrones de intercambio y hasta las condiciones sobre las que se da la información, responden más al vaivén de la Actualidad que a un mundo estructurado por normas “humanizantes”. Internet es su propia ley.
Se reconoce que el Orden Social nunca ha sustraído a su marcha un invento tecnológicamente novedoso; ha sido la Sociedad, más bien, quien no ha tenido reparos, en estos últimos 150 años, de sujetarse a las mil y una novedades de la ciencia instrumental: un solo televisor tuvo ya, a mediados del siglo XX, el “poder” necesario para reunir ininterrumpidamente por el lapso de una o dos horas a todo un grupo familiar, hasta que el desarrollo de la técnica (y los esfuerzos de los países) extendieron sus avances a la educación, el comercio y el desenvolvimiento total del gobierno. Es la historia de la marcha de la Sociedad según el sagrado evangelio tecnológico.
La Red internauta se viene desenvolviendo desde concepciones cada vez más absolutas: ni su avance depende directamente de una guiatura social, familiar o gubernamental determinante; ni su tecnología contribuye, al parecer, a una singular búsqueda de la felicidad, de la tranquilidad, de la equidad y de todas las idealizaciones que, como se ha visto, esperan detrás de todo objetivo material o meta cultural colectiva.
Tiempo reloj en tiempo virtual
Los pensamientos anteriores están relacionados sin lugar a duda con el grueso de problemas que por la complejidad que les acompaña posponemos para otro artículo.
Para quienes el interés por la creación de un blog es mayoritario, la sola posibilidad de comunicar (como yo mismo lo hice líneas arriba) las ideas, justifica su voluntad y vale la pena intentar, sabiendo asumir responsabilidades por lo que se publica, la ideación de un espacio, su creación, sustento y desarrollo; pero, creación, sustento y desarrollo son, al mismo tiempo, tres etapas consonantes que expondremos en otro momento.
Internet es una “red infinita” de tiempo lista para usarse, a cualquier hora o a cualquier momento. No hay tiempo más “aprovechable” y “aprovechado”, se piensa aquí, que el tiempo informático.
Las consideraciones morales exigidas en la repartición diaria de los compromisos y que vuelven obligatoria la utilización del reloj, no tienen incidencia en el tiempo informático, no por lo menos de la misma forma. Unos pocos y provisionales códigos conductuales, dictaminan, al terminar la investigación, escribir el texto, concluir el coloquio o al finalizar la sesión, si el tiempo informático fue o no aprovechado al “máximo”.
En poco o nada influye ―y es la norma habitual indirecta― el dinero invertido en minutos o en horas de navegación si el objetivo virtual no se cumple a cabalidad. La pérdida de tiempo y de dinero se mide, no mediante el usual sentido de Éxito en la gestión personal y en sus consabidas obligaciones, sino por las conquistas de la Notificación electrónica: Usted es amigo de...; La publicación se editó exitosamente; Tienes nuevos mensajes en el buzón; Tu amigo (o adversario) ha respondido a tu contestación, etcétera.
Estos pocos descubrimientos deciden a corto y a largo plazo qué es lo que realmente cabe esperar de las comunidades en Internet. La desinformación, o la indiferencia intencional de estos “procedimientos” (más que el conocimiento escaso o el uso mediocre de su técnica), diagnostican si un navegante padece del síndrome de uso inadecuado de internet.
El efecto de tiempo reloj en el tiempo virtual ya no se considera igual. Esta afirmación se entiende y se acepta en términos de tiempo informático. Para un navegante común, por ejemplo, el tiempo virtual se condiciona al tiempo reloj en la medida que su prolongación afecte al bolsillo o retrase un compromiso; pero, los quehaceres virtuales no persiguen fines concretos o materiales en sí y por sí, excepto cuando se habla de transacciones o de encontrar causes a la importación-exportación de productos o bienes. Hablando de lo último, se trata más de un ajuste “extensivo” de un proceso anterior que de un logro por sí solo renovador.
Antes de concluir esta parte, redefinamos lo dicho con un enunciado doble: Tiempo de calidad es tiempo virtual maximizado en menor tiempo reloj. Tiempo de calidad es tiempo reloj maximizado en mayor tiempo informático. El tiempo informático se mide por bits (unidad de información); el tiempo normal con el reloj.
Lo central en la búsqueda de Tiempo de Calidad en internet es que un internauta logre en breves períodos de tiempo real la mayor cantidad de GESTIONES informáticas posibles. Si el manejo de internet no se estuviese convirtiendo (como sucedió con varios artículos tecnológicos de uso cotidiano) en la nueva REFERENCIA de dominio personalizado y que para lograrlo apelase a una especial destreza “científica” del usuario, no habría hoy quien se preocupase. A fines de 1997 la comercialización del teléfono móvil dio motivos para que escépticas voces atacaran la novedad como difícil de masificar (otro tanto se pensó, en algún momento, del televisor, de los ordenadores y el internet); ya puede ahora constatar el lector: cuando de comunicarse vía celular se trata, el precio viene importando poco, en tanto el mensaje se envíe o se reciba. Las capacidades gestoras de un computador conectado a la Red son más amplias y de potencial interminable.
Una diferenciación razonable de ambos “tiempos” no resuelve realmente los reparos a la hora de dedicarle tiempo de calidad a las actividades de Internet. Queda en manos del lector darle solución.
Para quienes el interés por la creación de un blog es mayoritario, la sola posibilidad de comunicar (como yo mismo lo hice líneas arriba) las ideas, justifica su voluntad y vale la pena intentar, sabiendo asumir responsabilidades por lo que se publica, la ideación de un espacio, su creación, sustento y desarrollo; pero, creación, sustento y desarrollo son, al mismo tiempo, tres etapas consonantes que expondremos en otro momento.
Internet es una “red infinita” de tiempo lista para usarse, a cualquier hora o a cualquier momento. No hay tiempo más “aprovechable” y “aprovechado”, se piensa aquí, que el tiempo informático.
Las consideraciones morales exigidas en la repartición diaria de los compromisos y que vuelven obligatoria la utilización del reloj, no tienen incidencia en el tiempo informático, no por lo menos de la misma forma. Unos pocos y provisionales códigos conductuales, dictaminan, al terminar la investigación, escribir el texto, concluir el coloquio o al finalizar la sesión, si el tiempo informático fue o no aprovechado al “máximo”.
En poco o nada influye ―y es la norma habitual indirecta― el dinero invertido en minutos o en horas de navegación si el objetivo virtual no se cumple a cabalidad. La pérdida de tiempo y de dinero se mide, no mediante el usual sentido de Éxito en la gestión personal y en sus consabidas obligaciones, sino por las conquistas de la Notificación electrónica: Usted es amigo de...; La publicación se editó exitosamente; Tienes nuevos mensajes en el buzón; Tu amigo (o adversario) ha respondido a tu contestación, etcétera.
Estos pocos descubrimientos deciden a corto y a largo plazo qué es lo que realmente cabe esperar de las comunidades en Internet. La desinformación, o la indiferencia intencional de estos “procedimientos” (más que el conocimiento escaso o el uso mediocre de su técnica), diagnostican si un navegante padece del síndrome de uso inadecuado de internet.
El efecto de tiempo reloj en el tiempo virtual ya no se considera igual. Esta afirmación se entiende y se acepta en términos de tiempo informático. Para un navegante común, por ejemplo, el tiempo virtual se condiciona al tiempo reloj en la medida que su prolongación afecte al bolsillo o retrase un compromiso; pero, los quehaceres virtuales no persiguen fines concretos o materiales en sí y por sí, excepto cuando se habla de transacciones o de encontrar causes a la importación-exportación de productos o bienes. Hablando de lo último, se trata más de un ajuste “extensivo” de un proceso anterior que de un logro por sí solo renovador.
Antes de concluir esta parte, redefinamos lo dicho con un enunciado doble: Tiempo de calidad es tiempo virtual maximizado en menor tiempo reloj. Tiempo de calidad es tiempo reloj maximizado en mayor tiempo informático. El tiempo informático se mide por bits (unidad de información); el tiempo normal con el reloj.
Lo central en la búsqueda de Tiempo de Calidad en internet es que un internauta logre en breves períodos de tiempo real la mayor cantidad de GESTIONES informáticas posibles. Si el manejo de internet no se estuviese convirtiendo (como sucedió con varios artículos tecnológicos de uso cotidiano) en la nueva REFERENCIA de dominio personalizado y que para lograrlo apelase a una especial destreza “científica” del usuario, no habría hoy quien se preocupase. A fines de 1997 la comercialización del teléfono móvil dio motivos para que escépticas voces atacaran la novedad como difícil de masificar (otro tanto se pensó, en algún momento, del televisor, de los ordenadores y el internet); ya puede ahora constatar el lector: cuando de comunicarse vía celular se trata, el precio viene importando poco, en tanto el mensaje se envíe o se reciba. Las capacidades gestoras de un computador conectado a la Red son más amplias y de potencial interminable.
Una diferenciación razonable de ambos “tiempos” no resuelve realmente los reparos a la hora de dedicarle tiempo de calidad a las actividades de Internet. Queda en manos del lector darle solución.
Veglio Clavijo,
noviembre de 2011



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